De seguro, si la vida le concede unos años más en esta tierra, Chavela Vargas no volverá a cantar. Por eso este disco es una lánguida y dramática letanía en la que las líneas melódicas de algunas de las canciones que la han inmortalizado (“Macorina”, “La Llorona”, “Noche de ronda”, “Si no te vas”, “Se me hizo fácil”) acompañan algunos versos de Federico García Lorca, poeta con el que Vargas ha mantenido un largo romance en el territorio de los sueños. En La luna grande, la más reciente grabación de la cataclísmica mexicana, el vozarrón huracanado ha menguado su furia para abrirle paso a una voz temblorosa que recuerda a personajes lorquianos como doña Rosita, Yerma, don Perlimplín o el jinete que cabalga al encuentro con la muerte.








