Viernes de cultura
El pasado 11 de abril se cumplieron 20 años del fallecimiento del pintor colombo-español Alejandro Obregón.
UN Análisis reunió personas afines al artista para, a través de anécdotas y perspectivas académicas, desentrañar su vida y obra.
Para Ricardo Arcos, filósofo, teórico del arte, director de la maestría en historia y teoría del arte, arquitectura y la ciudad de la facultad de artes de la Universidad Nacional de Colombia, “Alejandro Obregón se convierte en una figura emblemática para la plástica colombiana y latinoamericana particularmente en la década de los 50, 60 y 70s”.
Juan Gustavo Cobo Borda, poeta, ensayista, periodista y diplomático, reconoció ese carácter emblemático del pintor cuando afirmó: “en el año 1985 escribí lo que quizás es la primera monografía sobre la obra de Obregón y lo hice porque, en un país como tan encerrado en sí mismo, tan mediocre y tan conservador, Obregón fue el viento; el aire de la apertura de fronteras”.
Para entender la obra de Obregón es preciso ver al artista como persona. Cristian Padilla, historiador del arte, docente de la maestría en historia y teoría del arte, arquitectura y la ciudad de la facultad de artes de la Universidad Nacional de Colombia, recordó que “es importante recalcar la cercanía de Alejandro Obregón con las polémicas y situaciones políticas de su época y la forma en que él se expresa rápidamente en torno a lo que sucedió en Colombia”.
Rodrigo Obregón, hijo del artista y presidente de las fundaciones Casa Museo Obregón, Ballet Nacional un legado de Sonia Osorio y Colombia Herida, dio indicios de esta facultad de su padre de ver el mundo cuando señaló: “de las cosas que yo más admiré y absorbí de él fue el respeto que tenía por el ser humano, él trataba a cualquier hombre o mujer con el mismo respeto”.
Álvaro Medina, historiador y crítico, profesor jubilado de la Universidad Nacional de Colombia, corroboró las afirmaciones del hijo del artista diciendo: “Obregón fue un hombre de una gran humildad y generosidad y una de sus mayores preocupaciones a lo largo de su vida era la suerte que corría la sociedad colombiana”.
Y es esa generosidad y preocupación que se ve reflejada en la obra del artista. Para Camilo Chico, curador y crítico de arte, “el artista no hizo muchas entrevistas en su vida, no le gustaba mucho hablar al respecto de su obra, consideraba que su obra tenía que hablar por sí sola. Toda la vida defendió esa postura”.
Gastón Betelli, artista italiano radicado en Colombia, ahondó más en esta personalidad del artista cuando reconoció que “había varios Obregones, uno de la ciudad cuando venía a Bogotá a visitar a sus amigos capitalinos y otro caribeño, más cercano a su verdadera esencia. Asimismo, dentro de ese episodio vivencial de la costa hubo dos fases, la primera parte en Barranquilla con la Fundación La Cueva, y luego un increíble e inolvidable evolución pictórica al lado del mar en Cartagena”.
Finalmente, Heriberto Fiorillo, escritor, periodista, cineasta y director de la Fundación La Cueva, recordó la fase en Barranquilla del artista en la Fundación La Cueva, la cual era un sitio de reunión para la bohemia caribeña. Para Fiorillo, “la presencia de Obregón en el año 55, cuando llega otra vez a Barranquilla, ya como pintor consagrado, hacia que otros pintores vinieran a buscarlo. Él era realmente el gran pintor de Colombia”.









